Vida en comunidad
Ante la gran necesidad de compartir con los necesitados, en un mundo que distribuye las riquezas de forma desproporcionada, y con el deseo de extender el reino de Dios y su Justicia.
Ante el descubrimiento del principio bíblico sobre la vida comunitaria, enseñado en el libro de los Hechos, tomamos como familia la decisión de aquellos primeros discípulos de Cristo, de compartir nuestros medios económicos y propiedades para poder ayudar y alcanzar a los más desamparados (Hechos 2, 42 y 4, 32). Este libro, al narrar la vida de aquellos hombres, afirma que no había ningún necesitado entre ellos, y llegaron a ser más de 150.000 con este estilo de vida en Jerusalén antes de la diáspora cristiana.
A lo largo de los siglos, ha habido siempre movimientos cristianos que, buscando ser despegados de lo material, han tomado la decisión de compartir sus posesiones y vivir una vida comunitaria. Pero en nuestros días no se hace necesario el hábito de tela dura y áspera, y tampoco fue un mandato obligatorio el celibato para ser útiles y consagrados.